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El legendario instrumento sigue siendo parte de la tradición chorotega. Crédito de foto: Instrumundo.
El legendario instrumento sigue siendo parte de la tradición chorotega. Crédito de foto: Instrumundo.

La quijada de burro, matraca o carraca, es un instrumento de percusión que se utiliza, desde hace muchos años, en varias regiones de Hispanoamérica. Su so­nido se describe como algo seco, tosco y de tambor. Cuando se percute, hay una simili­tud al sonido al producido por la hembra del pato o “carraca”, de ahí también su popular nombre.

Según los músicos, esta herramienta mu­sical es elaborada con el maxilar inferior o quijada de un burro, un caballo o cualquier equino, la cual es hervida y secada profunda­mente para hacer que los molares se aflojen y produzcan un peculiar castañeteo.

El instrumento se caracteriza por producir dos sonidos peculiares, según como se uti­lice. Si se golpea la parte final de la quijada con la palma o el costado de la mano cerrada, provoca una vibración de la dentadura, pero si se frota la fila de dientes con un palillo de madera, se producirá un eco de “carraca”.

Son los muchos de los géneros que pueden ser tocados con la quijada de burro.

¿De dónde nace?

Su referencia ancestral, remonta al igual que la mayoría de los instrumentos de percusión desde las civilizaciones de Oriente, en donde desde épocas muy antiguas se fabricaban y se tocaban en países como la India, Indone­sia, China e incluso Africa.

Al parecer, en estas regiones, se tenía prohi­bido utilizar campanas, por razones religio­sas y es por ello que se creaban herramientas de percusión como la matraca, para identifi­car a los méndigos, por ejemplo, o bien, para numerosos actos de folclor, fiestas populares o actividades religiosas como Semana Santa.

En Costa Rica, el uso de este instrumento predomina en la ejecución de obras folcló­ricas. Los adultos mayores, en especial, dan cuenta de su presencia en bodas, bailes y fiestas campesinas.

El músico Eduardo “Balo” Gómez, del gru­po Los de la Bajura, comentó que este instru­mento forma parte de la tradición guanacas­teca desde años atrás, sin embargo, se dejó de utilizar por mucho tiempo, y comenzó a manejarse de nuevo desde el año 1991, cuando comenzó su rescate.

“Este es un instrumento natural, que nues­tros abuelos solían utilizarlo para acompañar las marimbas. Su uso casi que desaparece, sin embargo, desde hace 29 años, se co­menzó a utilizar de nuevo en la provincia y puedo decir que hoy ya no está en peligro de extinción, sino que acompaña a la cultura de Guanacaste”, agregó Gómez.


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