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Especial: Semblanzas de maestros pensionados y activos que siguen dando conocimiento e identidad cultural a Guanacaste.

No es extraño llegar a las Llanuras del Norte, del sur o del Caribe y encontrar trabajando en sus escuelas maestras y maestros cédula cinco. Guanacaste siempre ha exportado talento docente a otras provincias, hombres y mujeres que han llegado a sus nuevos pueblos a enseñar y a trabajar por el desarrollo integral de las comunidades que los adoptan.

Don Rubén nació en las llanuras de Guanacaste, donde también creció y estudió, pero desde hace 21 años vive en las de Pococí. De muchacho soñaba con estudiar Agronomía en la Universidad de Costa Rica pero no logró los puntos requeridos para entrar a la carrera. Durante 9 años trabajó en el departamento de inspectores de la Municipalidad de Nicoya mientras estudiaba en la Universidad Nacional para convertir en docente de primer y segundo ciclo, motivado por una prima suya que le ayudó a despertar su vocación.

Desde hace 21 años trabaja en la Escuela Campo Kennedy, en el centro de Cariari de Pococí, un pueblo distante y distinto al suyo. Cuenta que cuando recibió la noticia de su nombramiento quedó muy sorprendido pues aquella región era muy poco conocida por él pero no dudó en aceptar y se aventuró con la mejor actitud y mucha ilusión. Así fue como comenzó su labor educativa en tierras limonenses, una muy fructífera y admirada por locales y paisanos.

“No fue difícil trabajar lejos de mi pueblo porque aquí encontré amigos de la zona de Nicoya, tanto educadores como personas que trabajaban en empresas bananeras. De Guanacaste extraño la comida típica, los bailes con marimba y la monta rústica”, comenta.

Don Rubén cree que los educadores deben involucrarse en asuntos comunales. “Somos líderes por naturaleza, las comunidades conocen muy bien al maestro y el maestro debe conocer las personas y los barrios de las comunidades donde trabaja; tenemos la responsabilidad de llevar el barco de todos a buen puerto”, afirma convencido.

Él siempre ha estado involucrado como miembro en las asociaciones de desarrollo y las comisiones de fiestas de sus dos pueblos, San Lázaro de Nicoya y Cariari de Pococí. “He sido parte de las Juntas Directivas”, dice con el orgullo que da la satisfacción del deber cumplido.

Cuenta que es difícil no pensar en su Guanacaste, que los colegas de Santa Cruz y Nicoya que trabajan por allá viajan cada mes a su hogar de origen y que él espera regresar a vivir a su San Lázaro natal cuando llegue el momento de la jubilación. “Allá está toda mi familia”, afirma.

Muchísimas personas en Cariari refieren a este nicoyano como un educador ejemplar y comprometido con su comunidad educativa, algo que se repite con hijos e hijas de Guanacaste que trabajan pero mejor la educación costarricense en muchos lugares lejos de su hogar.

 

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