Publicidad
Publicidad

Investigación y conservación ambiental

La exposición permanente a la contaminación acústica en entornos urbanos constituye uno de los factores de mayor impacto en la alteración del sistema nervioso central.

El ruido generado por el tráfico denso, las obras de infraestructura y la densidad poblacional mantiene activado el sistema de respuesta al estrés de manera prolongada, derivando en trastornos del sueño, fatiga crónica, migrañas e incremento en los niveles de cortisol e hipertensión.

Frente a esta problemática, la bioacústica que es la disciplina dedicada al estudio de los sonidos producidos por los seres vivos y sus interacciones con el ambiente se integra como una herramienta clave de salud y educación ambiental a través de la oferta de caminatas y tours nocturnos.

En el entorno que rodea el Parque Nacional Volcán Tenorio, la inmersión en los paisajes sonoros de la selva tropical estimula el sistema nervioso parasimpático, facilitando la desaceleración del ritmo cardíaco y la reducción del estrés.

Un ejemplo de esta tendencia en el país es a través de la Caminata Nocturna por la reserva y senderos propios del Hotel Hideaway Río Celeste; así como, las excursiones hacia la cercana Reserva Valle del Tapir, los visitantes experimentan la bioacústica en estado puro.

Gabriela Mora, gerente general de Hideaway Río Celeste explica que “la contaminación acústica de la ciudad adormece los sentidos y mantiene al cuerpo en alerta constante. Mediante nuestras excursiones nocturnas y el recorrido por senderos como el Sendero Armadillo, los huéspedes acceden a la bioacústica de manera directa y disfrutan del avistamiento de varias especies de ranas y otras especies”.

La escucha atenta y la observación guiada permiten registrar la presencia de especies de anfibios, aves, e insectos que no son visibles durante el día, sirviendo como indicador de la salud del ecosistema.

La vivencia regular de este tipo de entornos aporta beneficios directos para la salud integral del visitante. En el plano fisiológico, favorece la disminución de la presión arterial y la regulación de la hormona del estrés (cortisol), lo que se traduce en un descanso nocturno más profundo y reparador.

En el aspecto mental y emocional, la reconexión con los ritmos naturales disminuye la sobreestimulación digital y la fatiga mental, promoviendo estados de calma, mayor concentración y claridad cognitiva.

“El paisaje sonoro nocturno del bosque no solo restaura el equilibrio mental del visitante al desconectarlo del ruido urbano, sino que le enseña la importancia de conservar la biodiversidad y proteger los corredores biológicos”, agregó Mora.

De este modo, la caminata nocturna y las experiencias de exploración en la selva transforman la visita en un proceso pedagógico y de bienestar, reafirmando el papel del ecoturismo en la mejora de la calidad de vida y la conservación ambiental.

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Recientes

Publicidad