El día de su graduación honró a su padre fallecido meses atrás
Katia Parrales, vecina de Santa Cecilia de La Cruz, Guanacaste, comenzó el 2026 con entusiasmo y optimismo junto a su padre, Luis Felipe Parrales, quien durante tres años la impulsó a cumplir su meta de convertirse en profesional en educación. Sin embargo, tres meses antes de verla recibir su título, don Luis Felipe falleció.
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Su padre fue un ejemplo a seguir por su solidaridad y el constante apoyo que brindó a la comunidad.
El pasado 30 de mayo, entre lágrimas y sosteniendo una fotografía de su padre sobre el pecho, Katia subió al escenario para recibir el grado de bachiller en Educación Rural I y II Ciclos, carrera impartida por la División de Educación Rural (DER) del Centro de Investigación y Docencia en Educación (Cide) de la Universidad Nacional (UNA), y convirtió ese logro académico en un homenaje a quien fue su mayor inspiración.
Con la voz entrecortada, la joven afirmó que imaginó ese momento recibiendo el abrazo de su padre el día de la graduación. Aunque ya no pudo acompañarla físicamente, asegura sentirlo presente y cercano. “En la Navidad del año pasado le conté a mi papá que recibiría el título de bachillerato en Educación Rural en 2026 y que quería que estuviera presente. En ese momento, me abrazó y me dijo que se sentía muy orgulloso de mí”, recordó Katia.
Sueño hecho realidad
Otra historia de esfuerzo y perseverancia es la de Maribeth Ocampo, madre de cuatro hijos y vecina de Lepanto de Puntarenas. Durante siete años, cada sábado comenzó antes del amanecer: debía organizar el hogar, dejar preparada la alimentación de sus dos hijos mayores y garantizar el cuidado de los menores para desplazarse más de 10 kilómetros en bus hasta Jicaral a recibir lecciones de Educación Rural que impartió la UNA en la zona.
Junto con otras estudiantes provenientes de Puntarenas y de la región norte, Ocampo recibió en la ceremonia de La Cruz el diploma que la acredita como licenciada en Educación Rural para I y II Ciclos, carrera que el Cide de la UNA ha llevado durante años a poblaciones alejadas del país. “Para mí, estar hoy en esta graduación significa cumplir un sueño y poder brindar mayor estabilidad económica a mis hijos; antes lo imaginaba, pero no tenía cómo lograrlo”, expresó la graduada.
Ocampo dedicó el logro a sus cuatro hijos, a quienes atribuye la fuerza y el apoyo necesarios para concluir sus estudios. “Gracias a la UNA, hoy soy licenciada y me siento realizada como madre y profesional en educación”, dijo la nueva profesional sello DER-UNA.
Sobre el respaldo recibido mediante la beca UNA, Ocampo aseguró que fue determinante para alcanzar la meta. Incluso la describió como una “bendición”, ya que le permitió continuar con la carrera, cubrir gastos académicos y contribuir con el sustento de sus hijos.
Conexión con el entorno
En este ciclo de graduaciones, la DER juramentó a cerca de 100 estudiantes provenientes de territorios como Buenos Aires, Coto Brus, Los Santos, Los Chiles, Sarapiquí, San Carlos, Lepanto, Upala y La Cruz, donde la formación docente representa una oportunidad de transformación para las comunidades. Precisamente, en este cantón guanacasteco se realizó la última ceremonia de graduación de la DER con representación de familias, autoridades comunales, municipales y universitarias. El mensaje oficial estuvo a cargo de Jannette Valverde, vicerrectora de Docencia de la UNA.
Kenneth Cubillo, coordinador de la DER del Cide, destacó que desde hace 16 años el modelo permite que los estudiantes se formen en sus propias comunidades, fortaleciendo el arraigo territorial y ampliando el acceso a la educación superior.
Según indicó, muchos de los graduados son los primeros profesionales universitarios de sus familias, condición que impulsa procesos de movilidad social y desarrollo local. “Las graduaciones representan el compromiso de la UNA de llevar formación universitaria a todos los rincones del país”, afirmó.