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Parte de la propuesta consiste en aumentar al 2020 en un 0,15% la conectividad ecológica en el país. Crédito de foto: Instituto Nacional de Biodiversidad.

Costa Rica a pesar de ser catalogado como uno de los más diversos del mundo, gracias a sus importantes esfuerzos y avances en cuanto a este tema, tiene aún mucho camino por recorrer.

En el 2016, Costa Rica creó una Estrategia Nacional de Biodiversidad 2016 – 2025 (ENB), que integra a diversos sectores productivos, sociales e institucionales, con el fin de aplicar el plan de acción que opera mediante la Política Nacional de Biodiversidad 20152030 (PNB), permitiendo un monitoreo frecuente del estado ambiental del país.

Según el Sexto Informe Nacional al Convenio de Diversidad Biológica de Costa Rica, con la ENB el país ha logrado avanzar sustancialmente en la integración de la biodiversidad a partir del desarrollo de 23 metas globales, cuyo alcance total se espera obtener para el año 2030. Dichas metas globales, se componen de 99 metas nacionales que deberían cumplirse este 2020.

Hasta el momento, el país ha logrado importantes procesos de recuperación de ecosistemas terrestres, tales como bosques secos y páramos, los cuales han podido mantener su cobertura y distribución con respecto a años anteriores. Para este año, con la ENB, existe un compromiso de restaurar 1 millón de hectáreas de dichos ecosistemas, de los cuales se ha logrado al 2018, un 35%. Para el 2019, se inició con el desarrollo de la Estrategia  Nacional de Restauración y en 2020 se está llevando a cabo la segunda medición del Inventario Nacional Forestal que permitirá contar con información actualizada sobre el estado de los recursos forestales para la toma de decisiones.

Con respecto al ámbito marino costero, tanto los arrecifes como los pastos marinos, pantanos y lagunas reportan una tendencia a la disminución. En este sentido Costa Rica se incorporó en 2016 a la Iniciativa Internacional de Arrecifes Coralinos (ICRI), y está impulsando diversos procesos de restauración de corales a lo largo del país.

Al 2018 se identificaron más de 300.000 hectáreas de humedales, con el fin de actualizar el Inventario Nacional de Humedales; según el informe, los ecosistemas de manglar y de bosque húmedo tropical reportan una disminución en su estado de conservación y cobertura, y se evidenció que las áreas de conservación con una superficie mayor sujeta a presiones diversas son Guanacaste, Huetar Norte y Tortuguero.

Principales alcances y desafíos

Los espacios de conservación en Costa Rica abarcan un 74% de las áreas clave para la biodiversidad identificadas a nivel mundial, y son hábitat de las más de 120.000 especies conocidas para el país (aproximadamente el 6,5% de la diversidad mundial).

Parte de la propuesta consiste en aumentar al 2020 en un 0,15% la conectividad ecológica en el país, mediante la creación de corredores biológicos terrestres, considerando los escenarios climáticos.

Existen actualmente existen 45 corredores biológicos establecidos (aproximadamente el 35% de la superficie terrestre del país) que en su mayoría (83%) cuentan con un porcentaje de cobertura natural mayor al 50% y presentan con altos índices de biodiversidad y baja resistencia a la movilidad de la fauna.

Además, como parte de la estrategia, se implementan procesos de ordenamiento territorial y gestión ambiental para proteger las actividades y espacios que dan paso al bienestar y a la productividad del territorio nacional. Es por ello, que desde los años 90, se ha adoptado un modelo de desarrollo sostenible enfocado en una agricultura climáticamente inteligente.

Según Oscar Vásquez Director Regional del Ministerio de Agricultura y Ganadería, es necesario la innovación de técnicas para la producción de alimentos, que contribuyan al mantenimiento de ecosistemas, pero que a la vez fortalezcan la capacidad de adaptación al cambio climático, ya que a pesar de los esfuerzos continúa el uso inadecuado del suelo y su biodiversidad asociada con la consecuente degradación de la calidad ambiental.

“Hemos trabajado en fincas con tecnologías de producción sostenible, dentro de ellas se trabaja con prácticas amigables con el ambiente como conservación de agua, de suelo, sistemas agropastoriles, agrofloristería, y con estrategias NAMA (Acciones de mitigación nacionalmente apropiadas) en ganadería, café, arroz, caña, por ejemplo”, comentó Vásquez.

El Director enfatizó que es importante que el sector agropecuario reinvente sus formas de producción para poder mantener su competitividad aún en tiempos de crisis. En Guanacaste, se pretende que haya una producción sostenible en fincas, que permitan producir durante todo el año y que no se vean afectados por ejemplo en días de verano, cuando regularmente se da una menor producción, por falta de riegos.


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