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Imagen ilustrativa, tomada de archivo.
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  • Con base en evidencias de varios países, se sabe que la pandemia incrementó el problema de la educación formal sedentaria, de ahí la necesidad de reforzar los programas escolares de actividad física.

Johnny Núñez Z/Periodista. O.C-UNA

Pese a la conmemoración esta semana del día internacional de la Actividad Física y el día mundial de la Salud, donde se invita a las personas a reflexionar sobre la importancia de mejorar su calidad de vida mediante estilos de vida saludable, las enfermedades crónicas vinculadas con el sobrepeso y obesidad: cardiovasculares, diabetes mellitus, respiratorias crónicas y diversos tipos de cáncer, siguen siendo las que causan más muertes en el mundo.

Gerardo Araya, académico de la Escuela de Ciencias del Movimiento humano y Calidad de Vida de la Universidad Nacional (Ciemhcavi-UNA), indicó que uno de los cuestionamientos más importantes que se plantea, en el marco de la efeméride, es qué papel que juega la educación formal en la promoción de cambios de esta problemática.

Araya explicó que los procesos educativos carecen de justificación cuando se desvinculan de la vida, e incluso cuando atentan contra la misma. “Un ejemplo de esto es la ‘educación formal sedentaria’, en la que se promueve el quietismo, la hipocinesia, el control de la postura, la uniformidad, la desvinculación de mente y cuerpo”.

Detalló que dicha problemática inicia en la etapa preescolar y se extiende a la educación superior, ya que los sistemas educativos más tradicionalistas limitan mucho el movimiento corporal del estudiantado, sometiéndoles a estar sentados dentro de un aula, casi siempre con poco espacio para movilizarse entre pupitres y exigiendo esas limitaciones de la movilidad durante varias horas.

El especialista llamó la atención que entre 6 y 7 de cada 10 muertes se deben a enfermedades crónicas no transmisibles, las cuales, cada vez con mayor frecuencia, inician a edades más tempranas, debido a los patrones de sedentarismo y alimentación inadecuada que empeora en menores y adolescentes.

Cambio de paradigma

Subrayó que pese a los grandes avances tecnológicos y científicos que han favorecido la comodidad en las sociedades humanas del siglo XXI, aún prevalecen las carencias en cuanto a la calidad de vida, por las razones indicadas.

Sin embargo, desde una perspectiva biocentrista, la educación es un proceso esencial para preservar la vida, al preparar a los individuos para enfrentar los retos del diario vivir, y lograr que estos puedan adaptarse con las herramientas adecuadas para mejorarse a sí mismos y contribuir con el desarrollo de su especie, a lo largo de su ciclo vital.

Si se desea lograr un avance en la calidad de vida de las futuras generaciones, el sistema educativo formal debería renovar radicalmente los procesos educativos, variar el enfoque de aula, valorar más la educación física, las clases de deporte y el ejercicio físico, incluso con respecto al resto de materias académicas.


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