El mes de enero del año 2025 no será olvidado por el futbolista Jaime Javier Rosales quien luego de superar la etapa de lesión se preparaba para regresar con el Municipal Liberia, pero una mala acción le costó el puesto en el equipo de la primera división
Hugo Moraga Zúñiga, Periódico Mensaje
Jaime Javier Rosales es un jugador referente en el conjunto de Santa Cruz PFA de la Liga de Ascenso.
La vida del futbolista santacruceño Jaime Javier Rosales no ha sido fácil, y el responsable de toda esta problemática tuvo un nombre y un apellido y se llama alcoholismo, enfermedad con la que le luchó el deportista hasta principios del 2025.
Nació y creció en su natal Santa Rosa de Santa Cruz, Guanacaste desde muy temprana edad tuvo dos pasiones, una era el fútbol y la otra la montadera de toros, ya que quería ser igual que su tío Adonay ¨Piro ¨Rosales, uno de los mejores montadores de toda la historia de Santa Cruz.
Su niñez, fue una etapa donde la pasó entre plaza y potreros, jugando con sus amigos Jehudy y Maikel Pizarro, en la parte académica, señaló que no fue nada fácil, ya que prefería realizar otras cosas en lugar de hacer las tareas o estudiar para algún examen, pero por dicha tuvo el apoyo de su tía y maestra Graciela Leal, quien siempre le daba un empujón para aprender en la etapa de primaria.
Desde los 13 años, el popular “Chojo” era invitado para jugar con personas mayores y fue a partir de ese momento que se encantó más con el balompié, ya que una monta de un ternero lo hizo recapacitar, por el golpe que se llevó.
“Fue muy fácil quitarme la idea de ser montador como mi tío “Piro”, ya que un ternero me revolcó, entonces ya a partir de ese momento empecé a forjar mi carrera como futbolista, y aparecieron los torneos colegiales, a nivel de Juegos Nacionales con Santa Cruz, para luego pasar a LINAFA.
Estando con la AD Santa Rosa recibí una oportunidad en Liga de Ascenso con Municipal Coto Brus, y junto a Anthony Rosales partimos a cumplir con ese compromiso, para luego de unos partidos regresar a Cartagena y de nuevo firmar con el equipo del barrio Santa Rosa”, comentó Jaime Javier.
El volante señaló que luego del ascenso los santarroseños en 2015 a la segunda división se quedó tres o cuatro temporadas hasta que se dio el descenso de categoría, fue a partir de ese momento que ya se olvidó del futbol como tal y empezó a trabajar como sabanero en la legendaria Hacienda La Pinta.
Javier Rosales tuvo un buen paso por el Municipal Liberia en la primera división, sin embargo, unas malas decisiones provocaron su salida.
“Yo trabajé con el ganado, ya en esa época tomaba todos los fines de semana, agarraba el pago en la tarde y llegaba a la casa sin plata. Es importante recalcar que, desde los 14 años, yo ingiero licor y que eso me llevo inclusive a tratar de quitarme la vida, pero por dicha aparecieron amigos que me empezaron a leer de la palabra de Dios”.
“Una vez estando en la finca recibí una llamada para ser parte del Municipal Liberia, en la segunda división, después de dos intentos logramos campeonizar y se vino el debut en la primera división, a partir de ese momento me sentía invencible, ya que me consideraba figura pública, y los falsos amigos aparecieron para tomar guaro, para trasnochar, me sentía una persona invencible y muy popular”, dijo Rosales.
El santacruceño agregó que estando con Liberia se vino una lesión seria en su rodilla, en un partido, en el Lito Pérez, frente al Puntarenas FC, luego de ese episodio vino la operación y posteriormente la recuperación de unos 10 meses.
El deportista, confiesa que un 19 de enero del 2025, cuando Hacienda La Pinta llevaba los toros a las Típicas Nacionales, empezó a tomar sin control y luego finalizada la montadera aparecieron unos pleitos donde él se metió, para desgracia fue grabado, y el lunes que se presentó al entrenamiento le tenían la carta de despido. Agregó que después de esa situación perdió la familia, y en diciembre del 2025 le pasó por la cabeza autoeliminarse, sin embargo, apareció la mano amiga y le hablaron de Dios.
Inmediatamente llegó el contrato con la AD San Carlos, sin embargo, solo duraría una temporada, y después de eso se vino la ruptura con la madre de sus hijos, situación que lo golpeó bastante. El mediocampista desmotivado aceptó la oferta del Santa Cruz PFA, al igual que aceptó la presencia de Dios y hasta el día de hoy es ejemplo para los jóvenes y no se avergüenza de dar su testimonio.
El guanacasteco en la actualidad asiste a una iglesia y habla con deportistas del cantón para que no sean víctimas del alcoholismo y