El cambio climático plantea nuevos retos para preservar los sabores que Guanacaste heredó a la mesa de los ticos
En el marco de la Anexión del Partido de Nicoya, especialistas recuerdan que proteger alimentos como el arroz, el maíz y los frijoles también significa resguardar una parte importante de la identidad cultural del país.
La variabilidad climática exige una mejor planificación para fortalecer la seguridad alimentaria y garantizar la disponibilidad de ingredientes que forman parte de las tradiciones culinarias de generaciones de costarricenses.
Periódico Mensaje
Costa Rica celebra la Anexión del Partido de Nicoya y la riqueza cultural que Guanacaste ha aportado al país. Entre las expresiones más representativas de ese legado está su gastronomía: tortillas palmeadas, arroz de maíz, rosquillas, chorreadas, tamales de elote, tamal asado, gallo pinto, resbaladera y muchas otras recetas que han trascendido las fronteras de la provincia para convertirse en parte de la mesa y de las tradiciones de los costarricenses.
Detrás de esos sabores hay ingredientes esenciales como el arroz, el maíz y los frijoles, cuya disponibilidad enfrenta hoy nuevos desafíos derivados de la variabilidad climática. El Instituto Meteorológico Nacional (IMN) ha estudiado la relación entre el cambio climático y la seguridad alimentaria en Costa Rica, señalando que fenómenos como El Niño y La Niña pueden influir en la producción agrícola de países de la región, la disponibilidad de alimentos y el comportamiento de los mercados, especialmente en granos básicos como el arroz, el maíz y el frijol. En Guanacaste, donde la agricultura y la gastronomía forman parte de la identidad de sus comunidades, este reto adquiere un significado especial.
Para Juan Carlos Sandoval, gerente general de La Maquila Lama, conservar las tradiciones culinarias también implica comprender los retos que hoy enfrentan los alimentos que les dan vida. "Cuando celebramos la Anexión del Partido de Nicoya también celebramos una herencia gastronómica que Guanacaste le regaló a Costa Rica. Muchos de esos platillos tienen como base el arroz, el maíz y los frijoles, por lo que proteger la disponibilidad de estos alimentos es también una forma de preservar nuestra identidad y nuestras tradiciones".
En su opinión, la seguridad alimentaria depende cada vez más de la capacidad de anticipar los efectos de un clima más variable y de fortalecer toda la cadena de abastecimiento para responder oportunamente a escenarios cada vez más complejos. Y esa planificación debe darse también en el escenario de las importaciones, necesarias para suplir todas las necesidades de los consumidores.
"Hoy ya no basta con pensar en la próxima cosecha. Debemos prepararnos para un entorno donde las sequías, las lluvias intensas y otros eventos climáticos pueden afectar la producción y la disponibilidad de alimentos. La planificación se vuelve una herramienta indispensable para que las familias costarricenses continúen disfrutando de los ingredientes que forman parte de su historia".
Este desafío también impulsa el trabajo de instituciones públicas y centros de investigación. El Programa de Cambio Climático del IMN desarrolla estudios sobre escenarios climáticos, adaptación y seguridad alimentaria, mientras que distintas iniciativas nacionales buscan fortalecer la resiliencia del sector agroalimentario frente a los efectos del cambio climático.
En una fecha que invita a celebrar las raíces del país, Sandoval considera que el mejor homenaje a la herencia guanacasteca es asegurar que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando de los sabores que han acompañado a los costarricenses durante décadas.
"Las tradiciones se mantienen vivas cuando protegemos aquello que las hace posibles. Prepararnos frente al cambio climático y fortalecer la seguridad alimentaria también es una manera de cuidar el legado gastronómico que Guanacaste ha compartido con todo Costa Rica," concluyó.