El rostro femenino detrás del primer computador del INA
En 1975, el panorama tecnológico de Costa Rica era un terreno casi inexplorado, un mundo de máquinas colosales que despertaban tanto asombro como temor. En ese escenario, una joven llamada Sonia Delgado, quien había ingresado al INA con apenas 17 años como operadora de la central telefónica, decidió levantar la mano ante un desafío que cambiaría su vida y la historia técnica del país: operar la primera computadora de la institución.
Periódico Mensaje
Antes de verla, Sonia imaginaba un "monstruo" que ocupaba oficinas enteras, sin embargo, se encontró con una máquina que tenía el tamaño de una nevera y elegantes colores azul y plata. Este equipo era una unidad compacta para la época, con una pequeña pantalla y una impresora integrada, pero para quienes nunca habían visto algo igual, era encontrarse con el futuro de frente. "Era una cosa bellísima. Ni queríamos tocarla porque no sabíamos ni por dónde empezar", relata con la lucidez de quien inauguró una era.
Lo que hoy se resuelve con un simple clic, en aquel entonces requería una arquitectura mental y física asombrosa. Sonia lideró un equipo de vanguardia junto a sus compañeras Mara Eugenia Esquivel y Mayra Delgado, quienes conformaron el primer centro de cómputo. Juntas, no solo aprendieron a programar en lenguaje BASIC, sino que diseñaban los sistemas "a pie", enfrentándose a una tecnología que era totalmente nueva para el país.
La responsabilidad era inmensa, especialmente con la planilla institucional. Sonia confiesa que el miedo a que un error técnico retrasara los pagos, no la dejaba dormir; era una lucha constante contra la complejidad de la máquina y la presión del tiempo. Su entrega fue tal que llegó a trabajar jornadas de más de 24 horas seguidas enfrentándose al frío intenso de las salas de cómputo, ambiente necesario para que los circuitos no se quemaran, regresando a casa solo para bañarse y volver al frente de la batalla digital.
En 1998, Sonia regresó al INA para liderar un reto histórico: el Proyecto Año 2000 (Y2K). Gracias a la supervisión de Sonia, quien revisó cada detalle, el INA recibió el nuevo milenio sin un solo error, logrando un éxito total. Hoy mantiene un vínculo inquebrantable con la institución a través de la Asociación de Pensionados del INA.
Su relato no es solo el de una funcionaria ejemplar, sino el de una pionera que no temió domar la tecnología de vanguardia. Sonia se jubiló con el orgullo de haber servido a una institución que amó profundamente, dejando un legado de valentía para todas las mujeres que hoy se abren paso en las carreras de ciencia y tecnología en Costa Rica. Ella no solo manejó una máquina; ella programó el camino para las generaciones futuras.