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Crédito de foto: unacomunica.una.ac.cr

El desempleo juvenil es un nubarrón sin precedentes en el continente americano. Costa Rica no escapa a esa tormenta: la tasa de desempleo entre los jóvenes ticos (15-24 años) es la más alta de Centro América, por arriba del 30%. La inminente recesión, la más grande para América Latina en la posguerra termina por encender las alertas en plena pandemia. El aula universitaria se erige como gladiador que podría ahuyentar esas sombras: un sistema educativo que deberá retarse a sí mismo en el aula para formar profesionales con habilidades distintas.

El pasado 26 de octubre, expertos en talento humano se reunieron para conocer cómo debería ser esa nueva aula universitaria: “vivimos un cambio de paradigma, en el que debemos pasar de formar empleados a emprendedores, de una pedagogía convencional a una innovadora, del énfasis en saber hacer (habilidades) a saber ser (destrezas socioemocionales); debemos pasar del modelo de funcionamiento aislado, al funcionamiento en red, del técnico al diseñador de soluciones. Lamentablemente en el país no hay una orientación vocacional oportuna, ni una adecuada vinculación entre oferta formativa y política de desarrollo productivo”, explicó Álvaro Ramírez, especialista en Formación profesional y desarrollo de empresas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Lo dijo durante la mesa redonda Formación para el empleo y la inserción de la población juvenil en el mercado laboral en Costa Rica.

La Universidad Nacional (UNA) desde la Escuela de Administración (EDA) ya hace su aporte: “hoy damos ese complemento que el mercado exige, por ejemplo las habilidades blandas. Saber hacer es excelente, pero también es maravilloso saber vivir; ¿para qué un tecnócrata?, mejor un ser humano con habilidades blandas que le permitan soñar”, comentó Kattia Vasconcelos, académica de la EDA.

Y no sólo es un tema de oferta académica, las señales del mercado laboral son claras: “hoy,  en media pandemia, las habilidades más demandadas por las empresas son las sociales y emocionales, la adaptabilidad y resiliencia, la creatividad, la capacidad de persuación, la colaboración, eso que llamamos inteligencia emocional”, concluyó Vanessa Gibson, directora de Clima de Inversión de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (CINDE), durante la actividad, organizada por la EDA y la OIT.

Un reciente estudio del Banco Mundial arroja que las competencias que hoy guían a las empresas en la selección de su personal, son prioritariamente las socioemocionales (51%), las cognitivas avanzadas (29%), técnicas (16%), y cognitivas básicas (4%).

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