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Especialistas de la UNED advierten que un fenómeno similar al de hace 29 años podría afectar el agua, la producción agropecuaria, la generación eléctrica y la economía de los hogares.

País ha enfrentado 11 eventos ENOS en los últimos 30 años, pero persisten desafíos en adaptación climática, gestión hídrica y protección de sectores productivos vulnerables.

Disminución de lluvias podría generar impactos en la agricultura, la ganadería y eventualmente en los precios de algunos productos de consumo básico.

Academia llama a fortalecer medidas preventivas para evitar que una amenaza climática se convierta nuevamente en un problema económico y social.

Casi tres décadas después de uno de los fenómenos de El Niño más intensos registrados en la historia reciente, Costa Rica vuelve a enfrentar un escenario climático similar; sin embargo, la diferencia es que hoy la discusión no gira únicamente en torno a la intensidad del evento, sino a una pregunta más amplia: ¿qué tan vulnerable sigue siendo el país ante sus efectos?

La interrogante surge a partir de las proyecciones climáticas que apuntan a un fenómeno de El Niño comparable al ocurrido entre 1997 y 1998, considerado uno de los más fuertes desde 1950.

El tutor e investigador de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), Víctor Solano Quirós, explicó que Costa Rica ha tenido suficientes experiencias para comprender los impactos del fenómeno, pero aún enfrenta importantes desafíos en materia de adaptación y prevención.

“Durante los últimos 30 años el país se ha visto afectado en 11 ocasiones por el fenómeno ENOS, tanto en sus fases de El Niño como de La Niña, hoy la pregunta no es únicamente qué tan fuerte será este nuevo evento, sino cuánto hemos aprendido y qué tan preparados estamos para reducir sus impactos”, afirmó Solano.

El especialista señaló que El Niño se caracteriza por un aumento de las temperaturas y una disminución de las precipitaciones, condiciones que históricamente han tenido efectos directos sobre regiones como Guanacaste, el Pacífico Central y la Región Norte.

El agua vuelve a ser el punto crítico

Uno de los principales riesgos asociados al fenómeno es la reducción de la disponibilidad hídrica, la disminución de las lluvias afecta tanto el abastecimiento para consumo humano como las actividades productivas y la generación de energía.

En el sector agropecuario, las consecuencias suelen manifestarse rápidamente, menos precipitación implica menor disponibilidad de forrajes para el ganado, mayores costos de alimentación e hidratación y una reducción en la productividad.

En la agricultura, la menor disponibilidad de agua afecta el rendimiento de los cultivos, incrementa los costos de producción y genera mayores dificultades para pequeños y medianos productores que no cuentan con sistemas de riego o infraestructura para enfrentar periodos prolongados de sequía.

"Existen productores que tienen acceso a reservorios, sistemas de riego y recursos para adaptarse, pero también hay miles de familias y pequeños emprendimientos agropecuarios que siguen siendo altamente vulnerables a este tipo de fenómenos", explicó Solano.

Vulnerabilidad económica

A los desafíos ambientales se suma una preocupación económica.

Según el director de la Escuela de Ciencias de la Administración de la UNED, Federico Quesada Chaves, los datos más recientes del Índice de Precios al Consumidor (IPC) muestran que algunos productos agrícolas han mantenido comportamientos favorables para los consumidores durante los últimos meses.

“Actualmente observamos una reducción en el precio de varios productos agropecuarios, no obstante, la llegada de un fenómeno de El Niño podría generar un shock externo capaz de modificar estas tendencias y ejercer presión sobre bienes sensibles a las condiciones climáticas", explicó Quesada.

El académico señaló que una disminución prolongada de las lluvias puede afectar la producción agrícola, aumentar los costos operativos y generar presiones sobre las cadenas de abastecimiento, factores que eventualmente podrían reflejarse en los precios que enfrentan las familias costarricenses.

"Cuando la producción se vuelve más costosa por falta de agua, necesidad de riego o disminución de rendimientos, esos costos terminan trasladándose a la economía, por eso el impacto de El Niño no se limita al ambiente; también puede tener repercusiones sobre el costo de vida y la actividad económica nacional", añadió.

Energía, producción y adaptación

Los especialistas advirtieron además que la disminución de las precipitaciones podría afectar la generación hidroeléctrica nacional, especialmente en sistemas estratégicos como Arenal y otros proyectos que dependen de los recursos hídricos.

Las proyecciones actuales indican que este fenómeno podría extenderse entre 10 y 16 meses, lo que aumentaría los efectos acumulativos sobre la producción agropecuaria, la disponibilidad de agua y diversos sectores económicos.

Ante este escenario, los académicos exhortaron fundamental a fortalecer acciones preventivas como la protección de nacientes, la conservación de zonas de recarga acuífera, el almacenamiento de agua mediante reservorios, la modernización de sistemas de riego y la planificación productiva en los territorios más vulnerables.

"El verdadero desafío no es únicamente enfrentar un nuevo fenómeno de El Niño, la gran prueba será determinar si Costa Rica ha logrado reducir las vulnerabilidades que históricamente han convertido estos eventos climáticos en impactos sociales, productivos y económicos para miles de personas", concluyeron los especialistas.

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