Foto cortesía Teletica

Melissa Solís Cordero / Periodista Periódico Mensaje

Portador de una sonrisa, cabello blanco, sus manos denotan manos de trabajo físico, una mirada de saber y un chonete que no olvida ponerse a diario, y su caballo, así es él, “Pachito”, a quien la vida le ha permitido llegar ya casi a sus 101 años.

Muy apreciado por su pueblo, vecino de Copal en Nicoya, José Bonifacio Villegas Fonseca recién fue llamado y sorprendido al recibir el galardón de Ciudadano Distinguido de Nicoya, en el marco de la celebración de los 193 años de la Anexión del Partido de Nicoya.

Nació en Quebrada Honda, el 14 de mayo de 1917. Pachito es uno de los tantos longevos que habitan en la Península de Nicoya.

¡A montar a caballo! ¿Un señor de 100 años? A muchos nos suena como un acto casi imposible de imaginar, pero sí es real. Su motivo del día, sin importar otras cosas que tenga que hacer, Pachito sale  a montar a caballo. Esa es su ilusión, su prioridad y lo que dice ser, su vida.

Su caballo viejo y alazán, llamado Corazón, es su amigo de viaje, que le acompaña por la comunidad a visitar a sus amigos, o a enfermos. Su personalidad “jugosa”, con sus bromas hace sonreír no sólo a sus familiares y amigos, sino a quien se encuentre en la calle.

Todos los días recorre al menos cuatro kilómetros, haciendo todas sus visitas.

Desde que tiene uso de razón, fue a sus cuatro años cuando se montó en el primer caballo y hasta la fecha lo practica. Pachito fue sabanero, arreaba ganado por los potreros, llevaba las reses durante días por la sabana de Guanacaste en busca de pastos.

También hubo un tiempo, donde compraba animales y los revendía.

“Los sabaneros de antes sí trabajaban. Sí se maltrataba uno. Pero me sirvió de mucho”, aseguró Pachito.

No tiene dificultades para subirse al caballo, lo hace con ligereza. Pachito expresó que solo le “duele todo” cuando está mucho tiempo sentado en la silla, pero nunca le duele nada cuando anda de paseo en su potro.  “Me hace falta cuando no monto a caballo”, expresó.

Padre de ocho hijos, Pachito mantiene además buena salud mental, vive con Paulina Villegas, una hija pero él  es autosuficiente.

Su hija nos contó que come de todo, no tiene problemas con ningún tipo de comida. De la vista está bien y  sólo de vez en cuando no escucha bien de un oído. Está como decimos los ticos como un “chiquillo de 15”.

Nos reiteró que lo que más le gusta es montar a caballo y las mujeres. “Esa maña no se pierde nunca”, dijo el nicoyano.

Su espíritu de vida es contagioso, según conversamos con la hija.

“Quiero llegar, hasta que ya no sirva”, concluyó Pachito.